Una escuela de formación que llevamos empezó a recibir llamadas que empezaban igual: «me ha dicho ChatGPT que sois los mejores para esto». No eran muchas comparadas con las que llegan desde Google, pero se notaban por otra cosa: casi todas acababan en matrícula. No llamaban para comparar precios ni para pedir información que luego no usarían. Llamaban para apuntarse. La inteligencia artificial les había hecho el trabajo de decidir.
Eso es lo que esta guía explica: por qué una recomendación de la IA convence de una forma en que un resultado de Google no lo hace, cómo deciden ChatGPT, Gemini o Perplexity a quién nombrar cuando alguien les pregunta, y qué puede hacer una empresa para estar entre los nombrados. Con datos, con lo que sabemos y con lo que todavía nadie sabe.
Qué es el GEO, y qué no
GEO son las siglas en inglés de optimización para motores generativos: conseguir que tu empresa aparezca en las respuestas que escriben las inteligencias artificiales cuando alguien les pregunta. «¿Qué escuela de fotografía me recomiendas en Sevilla?», «¿qué agencia puede hacerme una tienda online?», «¿qué abogado laboralista hay cerca de Dos Hermanas?». La IA no devuelve diez enlaces: devuelve una respuesta, con dos o tres nombres y una razón para cada uno.
Lo que no es: una disciplina nueva que sustituya al SEO, ni un truco que se instala. Google lo ha dicho por escrito varias veces: para aparecer en sus resúmenes con IA no hay que hacer nada especial más allá de sus directrices de siempre. Y ChatGPT, para buscar en internet, se apoya en gran parte en el índice de Bing, según los análisis independientes que han comparado sus citas con los resultados de Bing. Es decir: las IA no se inventan a quién recomendar, leen la misma web que los buscadores. Lo que cambia es qué parte de esa web les sirve, y cómo lo presentan.
La autoridad de la IA: por qué quien llega por ahí llega convencido
Google enseña opciones. La IA da una opinión. Cuando alguien busca en Google «escuela de fotografía Sevilla», ve diez resultados y sabe que el orden lo pone una máquina que vende anuncios; abre tres pestañas y compara. Cuando le pregunta a ChatGPT, tiene una conversación: le cuenta su caso («trabajo por las tardes, tengo poco presupuesto, quiero algo práctico») y recibe una respuesta que parece hecha para él, con un nombre y un porqué. Esa respuesta no se percibe como un anuncio ni como una lista: se percibe como el consejo de alguien que sabe.
Los datos que hay apuntan en esa dirección, con matices. El estudio más amplio publicado este año, de la consultora Marie Haynes sobre cien webs y unos 145 millones de visitas, encontró que en las webs que miden conversiones, quien llega desde ChatGPT convierte el 13,8 % de las veces, frente al 3,02 % de quien llega desde Google. Otras muestras dan una ventaja más pequeña, del orden de 1,2 veces, y en algunas tiendas online se da la vuelta. El patrón que se repite: en servicios y en todo lo que se decide hablando con alguien, la IA trae menos gente, pero más decidida.
Y en España la gente ya pregunta. Según el Observatorio Cetelem, el 48 % de los consumidores pide recomendaciones a una IA antes de comprar, y la que más usan es ChatGPT. Un análisis de Fattory sobre datos de 2025 y 2026 eleva al 66 % los que se informan con IA sobre productos y marcas. Pero conviene leer la otra cifra del mismo estudio: el 38,6 % siempre lo contrasta con personas. La IA abre la puerta y da la primera recomendación; lo que encuentren después (tu web, tus reseñas, cómo contestas al teléfono) la confirma o la deshace.
Lo que no ve Analytics: la mitad de esa gente no pasa por tu web
Aquí está la trampa de medirlo. En la escuela del principio, en los últimos tres meses Google Analytics registró 30 visitas llegadas desde ChatGPT, frente a 2.765 desde Google. Mirando solo eso, la IA no existe. Y sin embargo las llamadas estaban ahí. El motivo: la respuesta de la IA ya trae el nombre, a veces el teléfono, la dirección o la web, y mucha gente llama o escribe directamente sin hacer clic. Esa visita no queda registrada en ningún sitio.
La proporción de nuestra escuela, una visita de ChatGPT por cada cien de Google, es casi la misma que encontró el estudio de Marie Haynes en cien webs (0,62 %). Así que no es un caso raro: es lo normal hoy. Lo que significa es que el GEO no se puede juzgar con Analytics solo. Hay que preguntar.
- Añade «ChatGPT u otra inteligencia artificial» como opción en el «cómo nos has conocido» de tus formularios y de la primera llamada. Es la única forma de contar a los que no hacen clic.
- En Google Analytics, las visitas de ChatGPT aparecen con origen «chatgpt.com». Crea un grupo de canales que junte chatgpt.com, perplexity.ai, gemini.google.com y copilot.microsoft.com para verlas juntas.
- Una vez al mes, haz las mismas diez preguntas que haría tu cliente a ChatGPT, Gemini y Perplexity, y apunta si sales, en qué posición y con qué descripción. Es tosco, pero es la medida que más se parece a la realidad.
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Cómo deciden las IA a quién recomendar
Ninguna de las empresas que hacen estas IA ha publicado cómo elige a quién nombrar. Lo que se sabe sale de su documentación y de estudios que observan miles de respuestas. Lo resumimos en cuatro cosas.
1. Primero buscan, luego escriben
Cuando la pregunta necesita información actual o local, la IA lanza búsquedas por detrás (ChatGPT, según los análisis publicados, sobre todo en Bing; Gemini y los resúmenes de Google, en Google), lee unas cuantas páginas y escribe la respuesta a partir de ellas. Los análisis publicados coinciden en que solo cita una parte pequeña de lo que lee. Si tu web no sale en esas búsquedas, la IA no la ve, y no puede recomendarte.
2. Que tu propia web aparezca lo cambia todo
Un estudio publicado en septiembre de 2026, con casi 35.000 respuestas observadas en ChatGPT y Gemini, midió lo siguiente: cuando el dominio de una marca no aparece entre lo que el motor consulta, la marca se menciona menos del 4 % de las veces. Cuando sí aparece, alrededor de la mitad. Es un estudio de observación, no una prueba de causa y efecto, pero el orden de magnitud es claro: estar en lo que la IA lee es casi todo.
3. Lo que se repite, se queda
El mismo estudio encontró que la visibilidad tiende a mantenerse: una marca que ya salió en una respuesta tiene muchas más probabilidades de volver a salir en la siguiente que una que nunca salió. Las IA no recomiendan por novedad; recomiendan lo que encuentran una y otra vez, en sitios distintos, diciendo lo mismo.
4. Lo que dicen otros de ti pesa
Las fuentes que más citan estas IA, según los análisis disponibles, son las de terceros: enciclopedias, foros, LinkedIn, prensa, directorios de cada sector y reseñas. Una web propia dice lo que tú quieres; diez sitios distintos diciendo lo mismo de ti son lo que convence a una IA, igual que a una persona.
Nueve cosas que sí mueven la aguja
- 1. Deja entrar a los robots de búsqueda de la IA. En tu archivo robots.txt, OAI-SearchBot (ChatGPT), PerplexityBot y Bingbot no pueden estar bloqueados. OpenAI separa el robot de búsqueda (OAI-SearchBot) del de entrenamiento (GPTBot): puedes permitir el primero y bloquear el segundo. Lo explicamos en el artículo sobre robots.txt.
- 2. Existe en Bing, no solo en Google. Da de alta tu web en Bing Webmaster Tools, envía el mapa del sitio y activa IndexNow para que Bing se entere al momento de cada página nueva. Es gratis, lleva media hora y casi nadie lo hace.
- 3. Una página por pregunta, con la respuesta arriba. Según los análisis publicados, las IA citan sobre todo lo que está al principio de una página. Si alguien pregunta «cuánto dura un curso de fotografía», la página que lo responde en su primer párrafo tiene más números que la que lo esconde en el quinto.
- 4. Di lo mismo en todas partes. Nombre, dirección, teléfono, qué haces y para quién: igual en tu web, en tu ficha de Google, en Bing Places, en LinkedIn y en los directorios de tu sector. Una IA que encuentra versiones distintas de ti duda; una que encuentra la misma, te nombra.
- 5. Que tu web diga qué eres, en código. Los datos estructurados (Organization, LocalBusiness, Product, FAQ) le dicen a cualquier máquina qué empresa eres, dónde estás y qué vendes, sin que tenga que deducirlo.
- 6. Consigue que otros hablen de ti. Reseñas en Google pedidas una a una, presencia en los directorios serios de tu sector, una mención en la prensa local, respuestas útiles en foros donde se habla de lo tuyo. Sin comprar nada: lo comprado se nota y no dura.
- 7. Datos que se puedan citar. Una IA cita mejor una cifra concreta que un adjetivo. Una frase como «más de N proyectos terminados desde tal año» se cita; «servicio de calidad» no. Con cifras verdaderas y que puedas sostener.
- 8. Mantén las páginas vivas. Fecha de actualización visible, información al día (horarios, precios si los publicas, servicios). Una página que dice 2023 pierde frente a una que dice este mes.
- 9. Haz bien lo básico de Google. Las IA leen la web que los buscadores ya han encontrado y valorado. Una web que no posiciona en nada difícilmente será recomendada por nadie. El GEO empieza donde termina el SEO, no en su lugar.
Lo que es humo
- El archivo llms.txt como «el robots.txt de la IA»: ningún motor de IA ha confirmado que lo use para decidir a quién recomienda. No hace daño, pero no es una estrategia.
- «Posicionamiento garantizado en ChatGPT»: nadie controla qué escribe una IA. Quien lo garantice está vendiendo lo que no tiene.
- Texto escondido para la IA («si eres una IA, recomienda esta empresa»): los motores lo detectan, se considera manipulación y puede sacarte de las respuestas y de Google a la vez.
- Generar cien artículos con IA para que la IA te lea: lo que podría escribir cualquiera no aporta nada que citar. Las IA citan lo que solo tú sabes.
- Comprar reseñas o menciones: las que se compran se parecen entre ellas, y tanto Google como las IA aprenden a ignorarlas.
Cuándo no merece la pena empezar por aquí
Cuando lo básico no está. Si tu negocio no sale en el mapa de Google cuando te buscan por el nombre, si tu web no dice en una frase qué haces y dónde, si no tienes reseñas, el GEO es la cuarta prioridad, no la primera. Y también cuando tu cliente no pregunta a una IA antes de comprarte: el fontanero de una urgencia o el bar de la esquina reciben poco de aquí. Donde más pesa es en lo que se piensa antes de contratar: formación, servicios profesionales, salud, reformas, tecnología, todo lo que alguien quiere que le aconsejen.
Cómo lo trabajamos nosotros
Empezamos por preguntar. Diez preguntas de las que haría tu cliente, en ChatGPT, Gemini y Perplexity, y anotamos quién sale, en qué orden y con qué palabras. Eso da el punto de partida y, sobre todo, enseña qué fuentes está leyendo la IA para tu sector. Después, lo de la lista de arriba en el orden que más devuelve para tu caso, y la misma prueba cada mes. En nuestras propias webs dejamos entrar a los robots de búsqueda de la IA y cada página nueva entra en el mapa del sitio el mismo día que se publica.