Casi todas las guías sobre cómo hacer una página web están escritas por quien vende una plataforma para hacerla, y por eso empiezan por la herramienta. Esta empieza por lo que importa a una empresa: para qué la quieres, qué tiene que hacer, qué te exige la ley y cómo sabrás si funciona. La herramienta es la última decisión, no la primera.
En España el 81 % de las pymes tiene página web, pero solo el 32 % vende algo a través de ella (ONTSI, Informe de digitalización de las pymes 2025). La diferencia entre esos dos números es la diferencia entre tener una web y que la web trabaje. Esta guía va de lo segundo.
Antes de nada: para qué es la web
Una web de empresa tiene un trabajo concreto, y conviene escribirlo en una frase antes de encargar nada: «que me pidan presupuesto», «que compren el producto», «que reserven», «que entiendan qué hago y me llamen». Cada uno de esos trabajos da una web distinta. La que debe captar presupuestos necesita un formulario corto y pruebas de confianza; la que vende producto necesita catálogo, pago y envíos; la que informa necesita que se entienda en diez segundos.
De esa frase sale todo lo demás: qué páginas hacen falta, qué se mide, cuánto debería costar y qué no hace falta. Si no la tienes, la web acaba siendo un catálogo de «quiénes somos» con una foto de archivo de gente dándose la mano, y no hace ningún trabajo.
Qué páginas hacen falta, y cuáles no
Una web de pyme no necesita treinta páginas. Necesita las que responden a lo que la gente busca y a lo que quiere saber antes de contactar.
- Portada: qué haces, para quién, dónde, y una prueba de que lo haces bien. En diez segundos y en un móvil.
- Una página por servicio o por tipo de producto, con el nombre que la gente usa para buscarlo. Si haces tres cosas, tres páginas. Es la decisión que más afecta a que te encuentren en Google.
- Casos o trabajos hechos, con nombre y cifra cuando el cliente lo autorice. Es lo que más convence y lo que menos webs tienen.
- Quién está detrás: la historia, el equipo o el obrador. Las personas compran a personas.
- Contacto: formulario corto, teléfono que se pueda pulsar, dirección con mapa si recibes visitas, y en cuánto tiempo respondes.
- Las páginas legales obligatorias, de las que hablamos más abajo.
- Si vendes online: catálogo, ficha de producto, carrito, pago y la política de envíos y devoluciones.
Lo que casi nunca hace falta al principio: un blog vacío, una página de «noticias» que nadie actualiza, un chat que nadie atiende y un vídeo de presentación que tarda en cargar. Se añaden cuando haya alguien para mantenerlos.
Plantilla o a medida: la decisión honesta
Hay tres caminos y los tres son legítimos según el caso. Lo deshonesto es venderte uno sin preguntarte por el trabajo que la web tiene que hacer.
Constructores con plantilla (Wix, Squarespace, Shopify con tema, Framer, Webflow)
Pagas una cuota mensual y eliges una plantilla. Tienes una web decente en días, sin programar. Compensa cuando necesitas algo ya, el presupuesto es pequeño, y la web tiene que informar y poco más. Sus límites: todas las webs de la misma plantilla se parecen, la velocidad y el SEO dependen de lo que la plataforma permita, y cuando quieres algo que la plataforma no hace, no se puede. Una tienda pequeña en Shopify con tema es una opción perfectamente seria.
WordPress con tema y plugins
Es lo que tienen la mayoría de las pymes y lo que ofrecen la mayoría de las agencias pequeñas. Barato de empezar, miles de temas y plugins. Lo que vemos cuando nos llegan: webs con veinte plugins que nadie actualiza, lentas, con avisos de seguridad y sin nadie que sepa tocarlas sin romper algo. WordPress bien hecho, con pocos plugins y mantenimiento, funciona. WordPress con lo que había a mano, en dos años es una carga. Si eliges WordPress, pregunta quién lo va a mantener y cuánto cuesta eso al año.
Código propio (Next.js y similares)
Una web programada para tu empresa, sin plantilla ni plugins. Es lo que hacemos nosotros y lo que usa esta misma web. Compensa cuando la web tiene que hacer algo concreto y bien: cargar rápido, posicionar, integrarse con tu sistema de pedidos o de citas, tener un panel detrás para tu equipo. Sus límites: cuesta más al principio y necesita a alguien que programe para cambios grandes, aunque los textos y los contenidos los cambias tú desde un panel. No compensa para una web de cinco páginas que solo informa; ahí una plantilla bien montada es la opción honesta.
La pregunta no es qué plataforma es mejor. Es qué trabajo tiene que hacer tu web y quién la va a mantener dentro de dos años.
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Lo que tiene que cumplir cualquier web de empresa
Que abra rápido, en un móvil de verdad
Más de la mitad de las visitas llegan desde el móvil en casi todos los sectores, muchas con cobertura regular. Google mide la experiencia de carga con tres indicadores, los Core Web Vitals, y publica los umbrales: el contenido principal debe aparecer en menos de 2,5 segundos, la página debe responder a un toque en menos de 200 milisegundos y los elementos no deben saltar de sitio mientras carga. Se comprueba gratis con PageSpeed Insights. Una web que no los cumple pierde visitas antes de que lean nada, y Google lo tiene en cuenta.
Que Google la entienda
Cada página con su título de menos de 60 caracteres y su descripción; un solo encabezado principal que diga de qué va la página con las palabras que la gente busca, no el lema de marca; direcciones limpias; un mapa del sitio; y datos estructurados que le digan a Google qué es tu empresa, dónde está y qué vende. Nada de esto se ve en pantalla y todo decide si te encuentran. Pide a quien haga la web que te lo enseñe página a página antes de publicar.
Que se pueda usar sin ratón y sin ver bien
La accesibilidad es que la web se pueda usar con teclado, con lector de pantalla, con poca visión o con una mano. Desde el 28 de junio de 2025 la ley europea de accesibilidad obliga a muchos comercios electrónicos y servicios digitales a cumplir la norma técnica, y en España la Ley 11/2023 la traspone. Aunque tu empresa no esté obligada, una web accesible la entiende mejor todo el mundo, Google incluido. Contraste suficiente, textos alternativos en las imágenes, formularios con etiquetas y foco visible: no es caro si se hace desde el principio.
Que sea tuya
El dominio a tu nombre, no al de la agencia. Las cuentas de hosting, de Google y de analítica, a tu nombre, con la agencia como usuario. El código o el acceso a la plataforma, en tu poder. Hemos visto empresas que no podían cambiar de proveedor porque todo estaba a nombre del anterior, y recuperarlo costó más que la web.
Lo que exige la ley en España
Una web de empresa tiene obligaciones legales concretas, y las sanciones existen. No hace falta un abogado para la mayoría, pero sí hacerlo bien.
- Aviso legal: la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (LSSI, artículo 10) obliga a mostrar el nombre o razón social, el NIF, la dirección, el correo, los datos del registro mercantil si eres sociedad, y la actividad. Accesible desde cualquier página.
- Política de privacidad: si recoges cualquier dato personal, aunque sea solo un formulario de contacto, el RGPD y la ley española de protección de datos exigen informar de quién trata los datos, para qué, con qué base, cuánto tiempo y cómo ejercer los derechos.
- Cookies: si usas analítica, publicidad o cualquier cookie que no sea estrictamente necesaria, hace falta un aviso que permita aceptar o rechazar con la misma facilidad, antes de que se activen. La casilla nunca premarcada. La Agencia Española de Protección de Datos publica una guía y sanciona.
- Si vendes online: condiciones de contratación, política de devoluciones con los 14 días de desistimiento, precios con impuestos, y el proceso de compra con confirmación. La ley de consumidores manda.
- Si mandas correos comerciales: consentimiento previo y baja en un clic. Comprar bases de datos es ilegal y no funciona.
Un consejo práctico: las páginas legales deben ser tuyas, con tus datos reales. Hemos visto webs con el aviso legal copiado de otra empresa, con el nombre y el NIF de esa otra empresa. Es lo primero que revisa un inspector.
El contenido: lo que de verdad hace que una web venda
El diseño abre la puerta; el contenido cierra la venta. Y el contenido no son los textos bonitos: son las respuestas a lo que la persona quiere saber antes de contactar. Qué haces exactamente, para quién, cuánto tarda, cómo se trabaja contigo, qué pasa si algo sale mal, qué dicen otros clientes. Cada página de servicio debería responder a esas preguntas con palabras normales, las mismas que usa tu cliente, no las de tu sector.
- Escribe para una persona concreta: el dueño del bar, la jefa de compras, el padre que busca una academia. No «para todos».
- Pruebas antes que adjetivos. «178 webs construidas» dice más que «amplia experiencia». «Respondemos en 24 horas» más que «atención personalizada».
- Fotos reales de tu negocio y tu equipo. Una foto de archivo se reconoce al instante y resta confianza.
- Las preguntas que te hacen por teléfono, respondidas en la web. Ahorran llamadas y posicionan, porque son lo que la gente escribe en Google.
- Un solo mensaje por página y una sola acción que pedir. Una página que pide cinco cosas no consigue ninguna.
Qué hay detrás de la web: el panel que usa tu equipo
Esto es lo que casi ninguna guía cuenta y lo que más cambia una empresa. La web es la parte que ve tu cliente. Pero cada formulario, cada pedido y cada reserva que entra tiene que ir a algún sitio y alguien tiene que hacer algo con ello. En la mayoría de las pymes ese sitio es el correo, y de ahí a un Excel o a un WhatsApp, y por el camino se pierden cosas.
Una web bien pensada guarda lo que entra en un panel donde tu equipo lo ve con su estado: pendiente, en curso, hecho. El pedido no se pierde aunque falle el correo. El stock baja solo cuando se paga. La reserva aparece en la agenda. Eso no es una web «más cara», es una web que hace su trabajo hasta el final. Pregunta por ello antes de encargarla, porque añadirlo después cuesta más.
Cómo se mide si la web funciona
Sin medición, la web «va bien» o «va mal» según el humor del día. Con medición, sabes cuántas visitas llegan, de dónde, qué hacen y cuántas se convierten en contactos o ventas. Lo mínimo: Google Analytics con los eventos que importan (formulario enviado, llamada, compra), Search Console para saber por qué búsquedas te encuentran, y el panel o el CRM donde cuentas los contactos reales. Todo gratis salvo el tiempo de montarlo bien.
- Mide lo que vale dinero: contactos y ventas, no páginas vistas.
- Mira Search Console al mes de publicar y luego cada mes: qué búsquedas te enseñan y en qué posición.
- Si haces publicidad, que cada contacto lleve su origen. Sin eso no sabes qué canal pagar.
- Un informe al mes de una página: visitas, contactos, ventas y de dónde vienen. Si quien te lleva la web no te lo da, pídelo.
Cómo elegir a quien te la haga
Freelance, agencia pequeña, agencia grande, o tú mismo con un constructor: todos pueden ser la respuesta correcta. Lo que distingue a un buen proveedor no es el tamaño, son las preguntas que te hace y las pruebas que te enseña.
- Te pregunta para qué es la web y qué tiene que medir antes de hablar de diseño. Si empieza por la plantilla o por el precio, no está pensando en tu negocio.
- Te enseña webs suyas en producción, con nombre, que puedas abrir y probar en tu móvil. Y alguna cifra con su fuente.
- Te explica qué tecnología usa y por qué, y quién la mantendrá. «Metodología propia» sin más detalle es humo.
- Deja el dominio, las cuentas y el código a tu nombre.
- Te da un presupuesto cerrado por escrito con lo que entra y lo que no, y los plazos. Y te dice cuándo no compensa hacer lo que pides.
- Incluye el lanzamiento con criterio: redirecciones desde la web antigua para no perder lo que ya posiciona, Search Console, analítica, y un tiempo de seguimiento después de publicar.
Y una señal de alarma: promesas de posicionamiento garantizado, webs «en 48 horas» o precios que no tienen detrás ni un día de trabajo. Una web que hace su trabajo lleva brief, diseño, desarrollo, textos, pruebas en móviles reales, legal, medición y seguimiento. Eso tiene un mínimo de trabajo digno, se contrate a quien se contrate.
Cuánto tarda y qué pasa después
Una landing de conversión, unas pocas semanas. Una web corporativa de diez o quince páginas, entre uno y dos meses y medio. Una tienda online, algo más según el catálogo y las integraciones. Los plazos incluyen el brief, el diseño, el desarrollo, los textos, las pruebas y el lanzamiento; lo que más los alarga, en nuestra experiencia, es que el cliente tarde en entregar textos, fotos y datos legales. Conviene tenerlos antes de empezar.
Después de publicar, la web no está terminada: empieza a trabajar. El primer mes salen errores con tráfico real, se ajustan cosas con los datos y se aprende qué funciona. Y cada mes hay que mirar la medición, actualizar lo que cambie en el negocio y mantener la plataforma al día. Una web abandonada envejece en un año; una web mirada cada mes mejora.